Algunas reflexiones para compartir

Por Valeska  Bittner

El YO, el EGO y el SÍ MISMO (YO SUPERIOR)

Por largo tiempo he tratado de entender qué es el Ego, cuál es su diferencia con el Yo…con el Sí mismo…con el Yo superior. A lo mejor es algo muy básico, pero  personalmente,  puedo entender mentalmente, a nivel de la razón, pero necesito un tiempo bastante largo para comprehender….entender a un nivel más profundo,  más allá de lo mental y de lo racional. Esa comprensión que ya no necesita darle más vueltas, porque ya está incorporado y no requiere de más explicaciones.

Son niveles de comprensión que – en mi experiencia –  necesito recorrer hasta sentir  que entiendo algo. Me cuesta aprehender las cosas. No sé si les pasa igual; cuando primero escucho una idea y me parece interesante, es un primer nivel de comprensión.   Luego leo más sobre ella, esta idea toca un punto dentro de mí que me “hace sentido” aunque aún no entienda bien de qué se trata. Después, más adelante, por esas cosas sincrónicas de la vida (que parecen casualidades) me llega algo más sobre ese tema y parece no solo tener sentido sino que calza con alguna parte de mí que  me dice que SÍ… que TIENE  SENTIDO. Con mayúscula, aunque se aleje  de todo lo que he aprendido en la escuela, en mi familia, en la U, etc.

Así,  los conceptos del Yo, del Ego, el Yo superior,  el sí mismo, van tomando forma y quiero tratar de compartirlo aquí, siempre esperando saber las opiniones y perspectivas de los demás.

El Yo- El Ego- El Sí mismo…tienen distintas definiciones o han sido clasificados de muchas maneras e incluso han sido traducidos de manera diferente  lo que crea confusión respecto a cuál es cuál. Para entendernos y hablar en un mismo idioma, vamos a considerarlos de la siguiente manera.

1.- EL Yo

Según la definición de Carl Gustav Jung, el Yo ”….constituye  el centro del campo de conciencia….en la medida en que éste abarca la personalidad empírica, el Yo  es el sujeto de todos los actos de conciencia personales” (AION, Contribuciones a los símbolos del sí mismo. C.G.Jung, Primera edición en español, Ed. Paidós, 1986. Pg 13.)

El Yo  se forma desde que nacemos, influenciado por la educación, el entorno, la cultura, la familia, etc. pero además el Yo va tomado forma en base a nuestras sensaciones corporales,  emociones, traumas, es decir lo que experimentamos en el día a día y todo eso que nos van creando la conciencia de existir como individuo.

El YO, es aquella parte de nuestra psiquis (alma) que nos permite tener una identidad, existir como individuo –diferenciado del otro- desarrollar una historia de vida en este plano terrenal y físico. Es aquella parte con la que me identifico en esta vida: mi cuerpo,  mi apariencia física, mi nombre,  mi profesión, mi nivel socioeconómico, etc.

En cada encarnación, el YO nos permite tener un lugar en este mundo,  existir en este plano. Lo necesitamos para pasar por esta experiencia terrenal con una identidad; como individuo.

Cada vez que nacemos – al menos en la Tierra – pasamos por el “río del olvido”, nuestra alma deja atrás todo lo que sabe y ha recordado mientras estábamos en el espacio entre vidas. Para seguir  creciendo como almas, necesitamos empezar de cero en una nueva vida, debemos olvidar lo que sabemos, desarrollar una nueva identidad en nuestra nueva realidad. Desarrollar un nuevo YO es una de las primeras tareas necesarias en cada vida, un Yo que está compuesto por aspectos corporales, intelectuales, laborales, sociales, culturales y muchos factores más.

2.- El Ego

El Ego no tiene una definición específica en la teoría Jungiana.   Como decía antes, algunos autores o traducciones usan  indistintamente “Yo o Ego” como una misma parte de la psique  (alma) humana.  Pero saliéndonos de la teoría Jungiana, y aludiendo a lo que coloquialmente o cotidianamente entendemos como “Ego”,  podemos entenderlo  como aquella parte de la psique que se identifica en demasía con algunas características del Yo.  Cuando alguien comienza a creerse el cuento de que YO soy tan inteligente,  tal lindo, tan bueno, cuando vemos que alguien habla más fuerte que el otro porque cree tener la razón o la verdad, cuando alguien  cree tener derecho a juzgar,  cundo alguien se siente poderoso o cree que tiene el control sobre algo…es el EGO que toma la batuta. Esto nos ocurre todos los días y a cada rato, hasta en cosas insignificantes. Así, cuando hablamos de EGO en general tiene una connotación negativa para nuestro desarrollo psíquico y espiritual.

EGO tenemos todos, con más o menos poder sobre nuestras vidas. Algunos ejemplos (hay infinitos):  un religioso puede  creerse que es un “salvador” o un gurú y desarrollar una secta donde él es el que sabe cómo salvar a sus seguidores;  un terapeuta puede desarrollar la idea de ser un sanador mágico;  un jefe en la oficina puede estar tan identificado con su rol que al llegar a la casa o a otro entorno quiere seguir mandando sin ser capaz de separar los roles; una persona común que empieza a trabajar como guardia de seguridad de pronto se ve con un poder que no tenía y se sobreidentifica con éste;  una modelo preciosa  vive desde la identidad de su belleza sin reconocer sus muchos otros atributos. Todos estos ejemplos se tratan de  un “Ego inflado”,  sería una parte de nuestro Yo que se  sobreidentifica  con uno de sus roles en esta vida. De este  modo  se  pierde  la objetividad y  se actúa desde el Ego donde y cuando no le corresponde.

En estos casos, podríamos decir que el Ego  nos lleva a creer que somos solamente  una parte de nosotros mismos. El Ego no da cabida a considerar que soy algo más que esta identidad  o algún aspecto de esta identidad. Nos impide ver nuestra totalidad y reconocernos como parte de un todo.

Hay otras situaciones en que el Ego pasa a ocupar más terreno que el que puede ser bueno para nosotros. Una porción de Ego nos puede ayudar a querernos, valorarnos, saber que somos importantes al existir en este planeta, es decir, un poco de Ego puede ser positivo para permitirnos brillar en nuestras aptitudes, dones o habilidades.  El problema aparece cuando por lo general  sin que nos demos cuenta nuestro Ego pasa a ser demasiado protagónico, nos hace alejarnos de la humildad y nos tienta con creernos de una importancia exterior que nos aleja de la tarea o la meta espiritual de nuestra vida.

Así, el Ego se  transforma en un  obstáculo para conectarnos con nuestra faceta humana-divina. El Ego generalmente se opone a dejar su protagonismo para dar paso a otro aspecto más profundo, con más sentido, más cercano a nuestra esencia espiritual. Hace que nos quedemos percibiendo y representando un aspecto terrenal, superficial  y cotidiano sin acordarnos del aspecto espiritual del Yo.

Para volver a acercarnos a nuestra esencia, a quienes realmente somos  es necesario que identifiquemos al Ego y de este modo podamos quitarle protagonismo. Esto requiere una ardua tarea de conciencia, llevada a cabo a diario, para ir desenmascarándolo y así dándole espacio a nuestra esencia, la parte espiritual que somos,  esa parte que algunos llaman Yo Superior, o que C.G.Jung llamó el Sí Mismo.

Un antiguo cuento zen es una metáfora muy linda de lo que significa vivir el proceso de identificarnos con nuestro Ego, luego de recorrer todo un círculo en la vida hasta llegar al mismo inicio pero comprendiendo que Yo no soy ese EGO con el que me había identificado. Es la rueda de la Vida. Es el cuento del buey y el boyero, (adjunto al final) que nos muestra que debemos transitar por el camino…desde que el buey se pierde, quedamos confusos y desorientados, buscamos  hasta que lo volvemos a encontrar, lo domesticamos nuevamente y lo regresamos a su origen… es necesario pasar por todo este trance hasta llegar a  verlo desde la  conciencia y la luz de la comprensión.

Todo fue una ilusión, el Yo, el Ego, la identidad, pero debemos vivir esa rueda para llegar a comprender que no somos más que uno con todo. En definitiva, tengo que pasar por ella para ir descubriendo capa a capa y cada vez en un nivel más puro de comprensión,  que mi Ego no es más que parte de esta ilusión. Es aquella parte que me da la posibilidad de recorrer el círculo completo…hasta llegar a recordar que ESE YO es lo que NO SOY. Este cuento nos muestra que el Ego existe por algo, debemos pasar por él, conocerlo, concienciarlo…hasta tal vez “dominarlo” y recién entonces adquiere su real sentido  de existencia.